Cae del carillón
la hora nueva,
y el viento
levanta en una palma
hojas y palomas,
Buena hora
para ser otoño,
esquivar algún charco,
deslizarse a un bar;
saludar,
preguntar por los ausentes,
revisar
defunciones y económicos,
pero muy temprano
para irse al cielo.
Una nueva sonrisa
trae en la cara la mesera,
y una campanada
canta en sus ojos,
limpia
como la copa.
Buena hora
para beberse de pié
esta porción de la mañana,
frente a la foto del pionero.
Buena hora
en todo su ancho.
Ya la mañana se la arregla
para seguir con una menos.
Buena hora,
y hasta luego.
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